Guía para elegir pintura para radiadores

Los radiadores eléctricos y de agua son uno de los sistemas de calefacción más extendidos en el parque español de viviendas. Su antigüedad media supera en muchos casos la década de existencia. Darles una mano de pintura es un acierto por razones no tanto estéticas como funcionales y de durabilidad. La decisión de comprar pinturas especiales e industriales de calidad no debe tomarse a la ligera, por la variedad de factores a considerar.

Estos sistemas de calefacción se comercializan pintadas, pero esta capa por defecto se deteriora con el tiempo y el uso, en especial si el radiador fue instalado en zonas de tránsito y recibe ocasionales roces y colisiones.

A diferencia de otras superficies, el metal de los radiadores experimenta grandes oscilaciones en su temperatura. Los tradicionales operan a entre sesenta y setenta grados, de modo que las pinturas convencionales son incompatibles, agrietándose en poco tiempo y liberando peligrosos gases al ambiente.

La tolerancia a las altas temperaturas es, pues, un requisito básico en las pinturas específicas para radiadores. Estas deben formularse para resistir condiciones extremas de calor de forma prolongada (los radiadores de hierro fundido, por ejemplo, poseen una masa térmica elevada y retienen energía calórica durante bastante tiempo).

Además, este tipo de pinturas ha de soportar golpes y rozadura, y su aplicación siempre será directa, sin imprimaciones. En otras palabras, la pintura debe ser DTM (Directa al Metal, por sus siglas en inglés), ya sea líquida, en aerosol, etcétera. Las de base acrílica, y concretamente el esmalte al agua, son las más utilizadas sobre hierro y otros metales.

Antes de aplicar la pintura sobre el radiador, es primordial limpiar de óxido, grasa, aceite y suciedad en general toda la carcasa y sus recovecos. De lo contrario, el producto perderá adherencia y su vida útil será bastante menor.

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