Mi vida de toga en la ciudad olívica

Elegí Vigo para ejercer la abogacía hace ya unos años, y no me arrepiento. Nací y crecí aquí, y aunque la tentación de probar suerte en ciudades más grandes existió, el apego a la «Ciudad Olívica», su ría, su gente y su vibrante, aunque a veces compleja, vida social y económica, me retuvieron. Ser abogado Vigo es una experiencia particular, diferente quizás a la de una gran capital, pero con un dinamismo propio y unos desafíos que la hacen fascinante.

Mi día a día transcurre entre el despacho, los juzgados de la Calle Lalín y reuniones con clientes. Las áreas del derecho en las que trabajo son variadas, reflejo de la propia actividad de Vigo: hay mucho mercantil derivado del puerto y la industria, casos de derecho laboral, no falta el derecho de familia y, por supuesto, todo lo relacionado con lo civil y administrativo que surge en una urbe de este tamaño. Cada caso es un mundo, una historia que escuchar y un problema legal al que buscar solución.

Lo que más me gusta de trabajar aquí es la cercanía. Aunque la comunidad legal es amplia, al final nos conocemos. Hay un trato más directo, tanto entre compañeros como con procuradores y personal de justicia. Esto no significa que sea menos exigente; las horas pueden ser largas y la presión, en ciertos casos, muy alta. Pero esa familiaridad facilita mucho el trabajo diario y crea un ambiente de respeto mutuo que valoro enormemente.

Vigo te ofrece ese equilibrio complicado de encontrar: la intensidad de una profesión liberal y exigente, con la posibilidad, si te organizas bien, de desconectar dando un paseo por O Castro, acercándote a la playa de Samil o simplemente disfrutando de unas ostras en A Pedra. Esa calidad de vida influye, sin duda, en cómo afrontas los retos profesionales. Me siento afortunado de poder desarrollar mi carrera aquí, defendiendo los intereses de mis clientes en los juzgados de mi ciudad, contribuyendo, a mi manera, al entramado social y económico de Vigo. Es una profesión que absorbe, pero ejercerla en mi hogar la hace, si cabe, más gratificante.

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