¿Nos cambia el chip al ser padres?

Cuando una persona se convierte en padre o en madre, muchos dicen que es como si les hubieran pulsado un interruptor en el cerebro y todo se reiniciarla: las prioridades en su vida cambian, lo que era importante pasa a secundario y el bebé se transforma en el centro de todo. ¿Nos cambia realmente el chip?

Para muchos expertos sí. Es algo biológico, la forma en la que la naturaleza se asegura de la continuidad de la especie. Los bebés hacen que se despierte en los padres un amor incondicional y un deseo de protección clave para que este pueda salir adelante ya que el ser humano nace totalmente indefenso e incapaz de sobrevivir por sí mismo.

Para la mayoría, la biología y las teorías sobre instintos sobran. Es un hijo, o una hija y se le quiere y punto. No hace falta más explicación. Y, como se le quiere, comienza a funcionar la cabeza para tratar de anticiparse a los posibles problemas que puedan aparecer, dándoles solución antes de que se produzcan siquiera.

Por eso, para muchos padres lo primero es abrir una cartilla de ahorros a nombre del bebé, de modo que el día de mañana tenga un dinero a su disposición ya sea para ir a la Universidad ya sea para comenzar un negocio o su camino en la vida. Otros, lo miran un poco más a corto plazo y hacen ya la reserva en el colegio o en la guardería que les gusta para asegurarse de que tendrán una plaza.

Pero si hay algo que suele preocupar a todos los padres, es la salud del bebé. Por eso, para muchos es prioridad Contratar los mejores seguros médicos y tener así la garantía de que podrán elegir a los mejores profesionales para tratar al pequeño o pequeña cuando sea necesario. Y esto es algo que les da una gran tranquilidad ya que todos los padres esperan que su retoño sea sano y crezca sin problemas. Pero en el caso de que haya alguna complicación con la salud, tendrán la certeza de que lo ponen en las mejores manos.

Es evidente que ser padres cambia a las personas, al menos a la gran mayoría. Hace que se madure y que se ponga a alguien siempre por delante de nuestras propias necesidades. Pero eso no tiene por qué ser malo en absoluto.

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